sábado, 10 de noviembre de 2012

Sobre la Violencia


Es notorio que a la derecha nunca le ha gustado la protesta, sobre todo en su máxima expresión: la manifestación. Aún no atino a comprender  si por un sentido clasista del ridículo o por que  se obstinan en salir de su bonito mundo de cristal, en el que todo está encorsetado por la corrección y la urbanidad, coronado al tiempo, con la guinda de la doble moral.
Detestan profundamente la violencia activa, sobre todo cuando corren el riesgo de que su cristiana conciencia se vea salpicada de sangre, para esas labores mandan a otros, (ejército y policía han sido siempre sus ejecutores fieles).
De un modo u otro, los medios de comunicación de la derecha han emprendido una campaña de criminalización de la población, tratando de justificarla por la provocación de una minoría o unos hechos violentos muy puntuales, en ocasiones provocados intencionadamente con declaraciones desafortunadas por parte de políticos y voceros del propio sistema. El gobierno, por su parte, ha comenzado a engrasar los engranajes legislativos, amparándose en la mayoría absoluta, para acotar en lo posible los derechos adquiridos en cuanto a libre expresión. Y es que ante tanta injusticia y saqueo por parte de los `poderes el único arma con que cuenta el trabajador es la calle, la manifestación…la huelga.

¿Pero  que decir de la aséptica y sutil violencia de la derecha?
Con la mayor desfachatez, faltando a su programa electoral y con el pretexto de la creación de empleo, nos imponen una reforma laboral que no ha hecho sino depreciar el salario y endurecer las condiciones laborales, además de desacreditar sindicatos e invalidar marcos de regulación consensuados como el Estatuto de los Trabajadores.
Con el consentimiento de los ERES concebidos para la flexibilización interna de horarios y reparto de trabajo, se están utilizando para todo lo contrario, fomentando la competencia entre trabajadores y la política del “perro come perro”.
Violencia dura y silenciosa es cobrar a los dependientes las valoraciones, las revisiones y el desplazamiento como pretenden. Medida represiva y disuasoria, a la que si añadimos la demora en el pago, en caso de ser aprobada, no hay economía familiar que lo aguante.
Las purgas de supuestos “rojos” en medios de comunicación e instituciones con unas prácticas y ensañamiento que nos recuerdan a los tiempos de la postguerra.
Violencia sutil e ideológica es que en un estado aconfesional, la iglesia vuelva por sus fueros a ser protagonista, robando a razón de tres propiedades por día al patrimonio público. Que la asignatura de religión católica gozando de protagonismo en colegios públicos y concertados.
¿Hay algo más violento que la amnistía fiscal? La derecha sigue practicando la Violencia Pasiva cuando no instaura definitivamente una fiscalidad progresiva y sigue facilitando la “contabilidad creativa” a los poderosos. ¿Hay algo más violento que los desahucios? Siguen practicando la Violencia Pasiva cuando no facilitan la dación en pago, echando más leña al fuego de la exclusión social.               
Y sobre todo, la más hiriente práctica de Violencia Pasiva, cargarse el estado de bienestar con la excusa de que la población es derrochadora e ignorante, cuando…
¡¡¡ESTO NO ES UNA CRISIS ES UNA ESTAFA!!!

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