Es notorio que a la derecha nunca
le ha gustado la protesta, sobre todo en su máxima expresión: la manifestación.
Aún no atino a comprender si por un
sentido clasista del ridículo o por que
se obstinan en salir de su bonito mundo de cristal, en el que todo está
encorsetado por la corrección y la urbanidad, coronado al tiempo, con la guinda
de la doble moral.
Detestan profundamente la
violencia activa, sobre todo cuando corren el riesgo de que su cristiana
conciencia se vea salpicada de sangre, para esas labores mandan a otros,
(ejército y policía han sido siempre sus ejecutores fieles).
De un modo u otro, los medios de
comunicación de la derecha han emprendido una campaña de criminalización de la
población, tratando de justificarla por la provocación de una minoría o unos
hechos violentos muy puntuales, en ocasiones provocados intencionadamente con
declaraciones desafortunadas por parte de políticos y voceros del propio
sistema. El gobierno, por su parte, ha comenzado a engrasar los engranajes
legislativos, amparándose en la mayoría absoluta, para acotar en lo posible los
derechos adquiridos en cuanto a libre expresión. Y es que ante tanta injusticia
y saqueo por parte de los `poderes el único arma con que cuenta el trabajador
es la calle, la manifestación…la huelga.
¿Pero que decir de la aséptica y sutil violencia de
la derecha?
Con la mayor desfachatez,
faltando a su programa electoral y con el pretexto de la creación de empleo,
nos imponen una reforma laboral que no ha hecho sino depreciar el salario y
endurecer las condiciones laborales, además de desacreditar sindicatos e
invalidar marcos de regulación consensuados como el Estatuto de los
Trabajadores.
Con el consentimiento de los ERES
concebidos para la flexibilización interna de horarios y reparto de trabajo, se
están utilizando para todo lo contrario, fomentando la competencia entre
trabajadores y la política del “perro come perro”.
Violencia dura y silenciosa es
cobrar a los dependientes las valoraciones, las revisiones y el desplazamiento
como pretenden. Medida represiva y disuasoria, a la que si añadimos la demora
en el pago, en caso de ser aprobada, no hay economía familiar que lo aguante.
Las purgas de supuestos “rojos”
en medios de comunicación e instituciones con unas prácticas y ensañamiento que
nos recuerdan a los tiempos de la postguerra.
Violencia sutil e ideológica es
que en un estado aconfesional, la iglesia vuelva por sus fueros a ser
protagonista, robando a razón de tres propiedades por día al patrimonio
público. Que la asignatura de religión católica gozando de protagonismo en
colegios públicos y concertados.
¿Hay algo más violento que la
amnistía fiscal? La derecha sigue practicando la Violencia Pasiva
cuando no instaura definitivamente una fiscalidad progresiva y sigue
facilitando la “contabilidad creativa” a los poderosos. ¿Hay algo más violento
que los desahucios? Siguen practicando la Violencia Pasiva
cuando no facilitan la dación en pago, echando más leña al fuego de la
exclusión social.
Y sobre todo, la más hiriente
práctica de Violencia Pasiva, cargarse el estado de bienestar con la excusa de
que la población es derrochadora e ignorante, cuando…
¡¡¡ESTO NO ES UNA CRISIS ES UNA
ESTAFA!!!

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